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Marcelo, Ricky, Vives
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Por Carlos Rosa Rosa / crosa@elnuevodia.com
Con un rápido y explosivo ‘crossover’, Ánsel Miguel Guzmán Hernáiz acostumbra burlar la defensa de los contrarios sobre el tabloncillo.

Esos mismos movimientos ha tenido que aplicarlos en la vida para zafarse de un sinnúmero de tentaciones y de críticas dentro y fuera de la cancha con el único objetivo de perseguir sus sueños. Ánsel es el armador titular de los Grises de Humacao en el Baloncesto Superior Nacional y un buen ejemplo de un joven que ha sabido sacarle provecho al baloncesto para progresar en la vida.

Éste ha demostrado que con sabios movimientos se pueden superar las diversas barreras que encontramos en el camino. Fuera de la cancha, por ejemplo, Ánsel tuvo que manejar la presión de grupo en el lugar donde se crió: el residencial Manuel A. Pérez. Al igual que utiliza su velocidad para escaparse de la defensa de jugadores de mayor estatura y fuerza que él dentro del tabloncillo, Ánsel supo zafarse de los ofrecimientos de sus amigos que, seguramente, lo hubieran desviado del camino.

“Tuve que separarme de mis amistades, porque el rumbo que llevaban no era bueno. Y fue difícil hacerlo. Pero desde chiquito mis padres me hablaron de hacer las cosas bien, y así lo hice”, apunta Ánsel, de 22 años y quien se crió en el edificio A-6 del residencial junto a su abuela Aurea García y sus progenitores.
Fue allí, en el residencial, donde él dio sus primeros pasos en el baloncesto. Frente a su apartamento se ubica una cancha al aire libre, en la que todas las tardes jugaba con sus vecinos.

Desde su adolescencia, Ánsel también ha tenido que batallar con otros obstáculos dentro de la cancha. El mayor de ellos: las constantes críticas de que su estatura lo traicionaría para jugar este deporte. Las mismas se incrementaron cuando él empezó a hablar de su anhelo de jugar en la Liga Superior con sus 5’11” de estatura.

“La gente me decía que no iba a llegar a ningún lado por mi estatura”, recuerda Ánsel, agradecido del apoyo de su dirigente de categorías menores, Wichie Ruiz.
Lejos de desanimarse, Ánsel le continuaba sacando provecho a su velocidad y brinco en las categorías de Sub 21 y Sub 25 para demostrar que merecía una oportunidad en el BSN.

Y esa oportunidad genuina llegó el pasado año con los Grises de Humacao bajo la dirección de Guillermo Vecchio. Ánsel, quien debutó con Mayagüez en el 2003, recibió en bandeja de plata la posición de armador titular y él la aprovechó al máximo, respondiendo con una temporada de 12.1 puntos, 5.5 asistencias y 4.5 rebotes por juego, mereciéndole el premio de Novato del Año. Ciertamente, en tierra “de gigantes”, Ánsel, con su estatura, ha hecho maravillas, ganándose el respeto de la oposición con sus relampagueantes penetraciones.

“La velocidad y el brinco son vitales en mí. Sin eso, no estuviera jugando”, reconoce. “Y cuando estoy en la cancha trato de ver a los demás jugadores como de mi estatura. Es lo que pienso y lo que me he llevado a salir adelante”, comenta Ánsel, un fiel admirador del veterano armador de los Leones de Ponce, Javier ‘Toñito’ Colón.  Hoy día, Ánsel siente que ha avanzado con rapidez en el juego de la vida, gracias al baloncesto, que le sirvió de vehículo para estudiar en el Colegio Bautista de Carolina y en el Colegio CIEM. También le ayudó a obtener una beca en la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras, donde termina su bachillerato en Educación Física.

Igualmente, el baloncesto le ha dado una estabilidad económica y algo más... una residencia en una urbanización privada en el pueblo de Humacao. “Hasta ahora ha sido mucho lo que he conseguido”, señala Ánsel, quien aspira a ser integrante de la Selección Nacional y entrar al baloncesto europeo.   A pesar de todos los logros profesionales y materiales obtenidos del año pasado al presente, Ánsel mantiene los pies sobre la tierra y nunca olvida sus raíces y de donde salió. Por ello, es que siempre da su vuelta por el lugar que lo vio nacer.

“Este es mi mundo y me gusta estar aquí metido con mi gente. Tengo mi casa (en Humacao), pero siempre vengo a reencontrarme con mi gente. Nunca me olvido de ellos”, concluyó ante la mirada de sus familiares más cercanos y amigos en la cancha que lo vio crecer dentro del residencial.